Hace unos días fui a ver "Turbo", la última película de animación de DreamWorks. Soy aficionada a las películas de animación, sobre todo desde que estas se conciben para un público familiar amplio y no sólo infantil, de modo que incluyen elementos que puedan atraer también a los adultos, pero debo reconocer que ultimamente han dejado de sorprenderme y, por tanto de emocionarme. Puedo recordar algunos hitos como "La Bella y la Bestia", "Aladin" o más recientemente "Monstruos" y "Shrek". Esta última, sobre todo, sin ser yo experta en cine, me pareció verdaderamente extraordinaria, y, aunque fue decayendo en las sucesivas partes, sigue siendo interesante incluso en la tercera.
Pero volvamos a "Turbo". La historia es bastante sencilla: un caracol que sueña con ganar las 50 millas de Indianápolis compitiendo con adversarios humanos con sus correspondientes coches de carreras. Vamos, lo de siempre, una historia de superación, de cómo si crees realmente en tí y luchas con empeño, puedes llegar a alcanzar tus sueños por imposibles que parezcan ("Aviones", esta de Disney, tiene un argumento similar si no idéntico). Y ya está. Para mí le falta ingenio, humor y frescura. Es entretenida, pero nada más.
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